Hace prácticamente dos meses que esperaba ansiosa comenzar el periodo de prácticas en el colegio, aquello con lo que todo estudiante de la Facultad de Educación sueña desde el primer año, salir de la teoría que tanto nos abruma durante los dos primeros años. Algunos/as piensan que toda la teoría no nos sirve para nada, se aprende en el aula. Pero yo creo que se equivocan. Todo camino tiene piedras, unas nos gustan más que otras, unas son más grandes y la caída es más dolorosa, pero al final está la meta... y queramos o no, las piedras han formado parte de nuestro recorrido.
Todas las personas que conozco me hablan de las prácticas y no hay nada que se salga de lo maravilloso y espectacular. Es como presentarte a un examen: da igual que te digan lo fácil que ha sido, siempre te quedará la duda hasta que uno/a misma/a no lo compruebe.
He de decir que ya he sido capaz de comprobarlo, y con los más y los menos, he conseguido superar este primer periodo de forma gratamente satisfactoria. No hay mayor satisfacción que contribuir, aunque sea con un pequeño granito de arena, en la educación de unos/as pequeños/as los/as cuales están en nuestras manos ... los guiamos hacia un futuro que no sabremos qué les deparará, pese a la grave situación en la que nos encontramos ahora, merece la pena seguir luchando por aquellos/as que vienen detrás de nosotros/as y van a disfrutar de este mundo. Y la educación es una de las cosas más bonitas que podemos encontrar en él.
Como comentaba anteriormente, hay gente que me comenta que no entiende por qué tenemos que estudiar las asignaturas que actualmente estudiamos en la carrera, si eso luego no nos sirve para nada, si donde se aprende realmente es en el aula, luego tantas teorías y tantos autores no nos aportan nada. Pero yo me pongo a pensar y estoy segura de que hace más o menos tres años, recién llegada en la facultad, no pensaba las mismas cosas que pienso ahora, no era capaz de reflexionar sobre los temas que me rondan en la cabeza, no era capaz de explicarme como me explico ahora. Y este trabajo no es solo mío. Gracias a personas que me han enseñado lo mejor que han sabido, han contribuido a que mi interés por mejorar cada día se vea incrementado.
Yo soy de las personas que considera que trabajar la competencia emocional desde la Educación Infantil es sumamente importante, y en especial, hay una asignatura en estos tres años de carrera con la que he disfrutado y aprendido un montón. Hace unos días realicé mi segunda sesión en el colegio y decidí trabajar la competencia emocional a través de un cuento que descubrí gracias a esta asignatura. El cuento se llama "Por cuatro esquinitas de nada" de Jérôme Ruilier, y la verdad es que no me imaginaba que tuviera tan buenos resultados. Los niños/as estuvieron encantados/as. Hicimos varias actividades a partir del contenido que conlleva su lectura y creo que aprendimos mucho, tanto ellos/as como yo.
En este colegio, aparte de colaborar en mi clase, estoy realizando una pequeña aportación (junto con otra compañera) a la orientadora del centro. Nos propuso trabajar la competencia emocional y la fonología en niños/as desde los 3 años. La orientadora nos dio las pautas y elaboramos varios elementos (como rimas, adivinanzas, o canciones) para realizar materiales que servirán al profesorado. Nos centramos, sobre todo, en la competencia emocional y detallamos la tarea con base al cuento de Jérôme Ruilier. Aparte de crear material, nos proponemos dejar constado por escrito el planteamiento educativo y las actividades que se podrían hacer en Educación Infantil para que puedan servir de ayuda al profesorado, porque que seamos prácticos/as no significa que alguien con más años de experiencia no pueda aprender de nosotros/as.
Para que se vea algo de la iniciativa, cuelgo un vídeo que he elaborado a partir de fotos extraídas del cuento expuesto en material goma eva:
¡Espero que lo disfruten!
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